DE QUE TAMAÑO ME VEN MIS HIJOS
Licda. Natalia Calderón Astorga. M.Sc.
Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres durante una jornada.
Si le enseñas a pescar, le nutrirás durante toda la vida.
Lao-TSÉ.
Hoy día educar es una tarea difícil. Quizá siempre lo ha
sido, pero la cantidad de cambios que vivimos y la rapidez con la que se
desarrollan ciertos acontecimientos, nos hacen vivir en un estado de permanente
confusión y angustia. Es por eso que vale la pena rescatar que los hijos ven a
sus padres de muchas diferentes e importantes maneras. No todos los hijos miran
de igual forma a sus padres, eso depende de la edad y del rol que sus padres
desempeñen en la vida del hijo (a).
Cuando los hijos están pequeños ven a sus padres como personas grandes, fuertes
y sabias; pero a medida que van creciendo aquella fortaleza y sabiduría puede
variar, de acuerdo a los tipos de padres que seamos. Generalmente los hijos
hasta los 8 años, se sienten muy orgullos de sus padres. La etapa de la vida que
comprende de los 9 a los 11 años, separa la niñez de la plena adolescencia. A
partir de que el niño (a) alcanza la preadolescencia, en su vida empieza a estar
presente la experiencia, se inicia cierta tensión general entre los padres e
hijos, especialmente cuando la comunicación no se vive en una forma natural y
horizontal. Entre los 12 y 14 años nos referimos a ellos como adolescentes, la
brecha generacional se hace más extensa, debido a la diferencia de gustos y
comportamientos. Entre los 15 y 18 años, a los jóvenes les cuesta más comprender
a otros, sobre todo a sus propios padres, con una historia diferente a la suya,
con otra formación y con otras limitaciones. Es aquí donde se podría sentir la
“crisis generacional”, los padres, muchas veces, no podemos comprender a
nuestros hijos adolescentes porque no somos capaces de salir de nosotros mismos
y ponernos en su lugar. Todo eso daría espacio a un doble problema. Por un lado,
los hijos se sienten injustamente incomprendidos y dominados. Por otro, no
tienen un modelo comprensivo adulto del que aprender. El joven de esta edad se
irá autoafirmando en la medida de que tenga padres maduros afectiva y
socialmente. Es necesario que los padres seamos flexibles, mostrar
frecuentemente sentido del humor, aceptarse a sí mismo, respetarse y aceptar a
los hijos tal cual son, asumir la realidad familiar, personal, social y sobre
todo en cualquier situación, recurrir siempre al diálogo y a las actitudes de
respeto, escuchando las razones de los hijos y tratando siempre de convencer con
argumentos y no con amenazas.
No existen padres ni hijos perfectos, lo que sí existen son personas que se
necesitan y que construyen juntas un proyecto. Porque algo que debe quedarnos
muy claro, es que educamos por lo que somos; transmitimos (aún sin darnos
cuenta) lo que sentimos y pensamos y muchas veces sin palabras. El concepto de
ser padres ideales, es incompatible con el ser humano. No existe un ideal ni la
perfección cuando hablamos de personas ni de relaciones. En esta asignatura de
ser Padres, nos examinan todos los días, es básico tener en cuenta una serie de
valores que nos van a facilitar la tarea educativa y formativa; como lo son la
responsabilidad, la madurez afectiva, la aceptación, la paciencia, el diálogo y
sobre todo el AMOR.
¡Con pequeños pasos, grandes avances…!
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