Estimulación Oportuna = Niños exitosos.
Licda. Natalia Calderón Astorga. M.Sc.
La estimulación oportuna (temprana), conocida también como
estimulación temprana; busca estimular al niño (a), de una forma oportuna como
su nombre lo indica, no pretende hacerlo en forma temprana (antes de tiempo). El
objetivo no es desarrollar niños precoces, ni adelantarlos en su desarrollo
natural, sino ofrecerles una amplia gama de experiencias que sirvan como base
para futuros aprendizajes.
Recordando que todo aprendizaje se basa en experiencias previas, entonces,
mediante la estimulación se le proporcionarán situaciones que le inviten al
aprendizaje. La idea es abrir canales sensoriales para que el niño (a) adquiera
mayor información del mundo que le rodea. Es sumamente importante conocer al
niño (a) y hacerle una valoración observación focalizada, para saber por dónde
empezar a ofrecerle las experiencias, dando énfasis en sus áreas de desarrollo y
al mismo tiempo ir estimulando la atención, la memoria y el lenguaje.
La estimulación oportuna, debe enmarcarse en dos corrientes o teorías: apoyar el
desarrollo madurativo del niño (a) y la que señala que el desarrollo es un
producto de experiencias y aprendizajes. La idea es lograr cruzar ambas
corrientes o teorías, por un lado respetando el nivel de madurez de cada
individuo, así como sus características personales y, por el otro, proporcionar
experiencias enriquecedoras en las áreas por desarrollar.
Es fundamental que los padres y madres de familia, y más adelante los
educadores, le brinden al niño (a) un ambiente rico para poder despertar sus
energías ocultas. Con esto lograremos en un futuro niños (as) más
investigadores, seguros, audaces, y capaces de ir en busca de la satisfacción de
sus propias necesidades teniendo con esto aprendizajes significativos, lo cual
quiere decir que el aprendizaje tenga un sentido real para el niño (a), dejando
atrás el aprendizaje mecánico y vacío, que posteriormente llevará a muchos al
fracaso escolar.
Se considera valioso que el bebé participe en un programa de estimulación
oportuna a partir de los 3 meses, ya que antes de esto el niño se está adaptando
a su nuevo mundo, sus padres y a su ambiente. Además durante las primeras
semanas de vida la cantidad de estímulos es inmensa.
La estimulación debe iniciarse de manera espontánea en casa. Desde que el niño
nace ya nos encontramos con sus respuestas y aunque éstas sean de una manera
automática a los estímulos exteriores, son los reflejos con los que viene dotado
todo ser humano.
Los reflejos van desapareciendo en la medida que el sistema nervioso vaya
madurando, por lo tanto, es recomendable darle masaje al bebé, acariciarlo,
hablarle mucho, por ejemplo; a la hora del baño irle nombrando las partes de su
cuerpo, hacer movimientos ligeros de piernas y brazos; trabajar su sentido
visual estimulando primeramente la fijación de un objeto y posteriormente el
seguimiento del mismo, por ejemplo con móviles; su sentido olfativo se estimula
con diferentes aromas; su sentido auditivo se estimula favoreciendo la capacidad
de atención a los sonidos, lo cual es todo un proceso sin fin, pero maravilloso.
Los niños llegan al mundo con una asombrosa capacidad para hacernos conocer qué
es lo que ellos ven, lo que oyen, lo que tocan y qué es lo que sienten, ellos se
están preparando para conocer su ambiente, han nacido para aprender.
El bebé descubre las cosas examinando cómo su mundo afecta su cuerpo. Aquí
podemos ver la importancia de las sensaciones en su aprendizaje, cuando el
pequeño es capaz de tomar las cosas en sus manos, comienza a explorar y a
entender la relación entre causa y efecto. Lo podemos ver también cuando suelta
un objeto y lo vuelve hacer repetidamente, está observando y descubriendo qué es
lo que sucede, posteriormente lo lanzará desde su silla. Un bebé adquiere nuevas
habilidades constantemente.
Todo el pensamiento es inseparable de la acción y depende de ella, en la acción
podemos ver procesos de adaptación, es decir, de adaptación a las relaciones que
establece el niño con su medio. A través de estos intercambios y con base en la
experiencia, el bebé va construyendo su conocimiento.
Dotado de ciertas habilidades innatas, es responsabilidad de quienes están en su
entorno lograr que esas habilidades sigan su desarrollo al máximo. La forma en
que el niño procesa información tiene cambios muy fuertes durante el primer año
de vida: la procesa cada vez más rápido; esto da lugar a los cambios que se
suscitan en el cerebro. Los genes son los que proporcionan el potencial, pero es
el medio ambiente el que determinará cuánto de ese potencial se utilizará. Por
tanto la herencia y el ambiente se cruzan entre sí una vez más.
El niño, desde el nacimiento hasta aproximadamente los dos años y medio, se
encuentra en la etapa sensorio-motriz. Como su nombre lo dice es una etapa
motora en que el niño experimenta un progreso de todo su cuerpo para lograr
erguirse y caminar. También en esta etapa el niño conoce su mundo a través de
los sentidos (chupando, palpando, viendo, oyendo, sintiendo, etc.).
Por esto, resulta muy sano que a un niño se le lea y se le ponga en contacto con
las letras (lenguaje). Es más importante llenarle su mundo de cosas concretas
que de abstractas, por tanto es necesario que saquemos los libros a la vida
real, permitiéndoles que los toquen, manipule, chupen y huelan, que utilicen
material que se encuentra plasmado en los libros en la vida real. Por ejemplo,
si el cuento habla de una gallina y sus pollitos, deberíamos tener a la mano (en
forma concreta) una gallina y unos pollitos; para así dejar que los manipule y
vaya estableciendo sus propias relaciones cognitivas. La gallina y los pollitos
pueden ser de peluche, de plástico con sonido, etc., así, le estaremos dando más
significado y por lo tanto tendrá mayor interés y se enriquecerá con las
experiencias, partiendo siempre de experiencias para aprender, lo que se conoce
como Aprendizaje significativo.
Un niño no sabe más por el simple hecho de leer o caminar antes que otros, un
niño (a) sabrá más en relación a la estimulación que se le proporcione y al
lograr despertar en él el interés por el conocimiento y la investigación.
Es recomendable que se les lean cuentos todos los días y, en la medida de lo
posible, de acuerdo a su edad, se debe iniciar con preguntas acerca de qué creen
que sigue o de qué piensan que se tratará el cuento por el título del libro (lo
que se conoce en lectura como anticipación). Es bueno seguir la lectura con el
dedo ya que los niños comienzan a darse cuenta de la direccionalidad así como de
que en las letras dicen algo y comienzan a darle significado a las mismas. Si
bien es cierto que hay niños que a los dos años y medio ya leen algunos
letreros, también lo es que se trata de una forma memorística – mecánica (como
leen la mayoría de los niños (a) y adolescentes), ya que para iniciar con este
aprendizaje se necesita de cierta madurez para la comprensión de aspectos
arbitrarios como lo son las letras. El niño debe haber adquirido una
lateralización espacial, discriminación visual, discriminación auditiva,
coordinación viso-motriz y buena articulación en su lenguaje. Si todo esto anda
bien junto con su aspecto emocional y la motivación que se le da al acto de
leer, el niño aprenderá a hacerlo de manera gustosa y placentera. Así estaremos
seguros de que será un gran lector y, lo que es más importante, que será en el
momento en que su nivel de madurez se lo permita y
Adelante con estos niños y niñas, que de acuerdo a la estimulación y apoyo
recibido, serán individuos exitosos.
¡Con pequeños pasos, grandes avances…!
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