Evaluación del lenguaje
Licda. Natalia Calderón Astorga. M.Sc.
La palabra evaluación se emplea con múltiples significados, lo cual establece
que es un término muy utilizado, incluso en aquellas ocasiones que debería
utilizarse el término “medición”.
Evaluar implica un procedimiento intencionado, funcional, sistemático, continuo
e integral, destinado a obtener informaciones sobre los diversos aspectos. En
síntesis, la evaluación es un proceso en sí mismo, mientras que la medición es
el acto de un proceso.
En su más amplio sentido, señala D’Agostino, G. (1991), el término de
evaluación, con independencia del campo en que se aplica, se vincula
estrechamente con el hecho de juzgar el valor de algo: características de las
personas, procesos, cosas, fenómenos, sistemas, ideas, situaciones, otros, y de
atribuirle o negarle grados de mérito y de calidad.
De lo anterior, se desprende que la evaluación se realiza mediante una variedad
de pasos: establecimiento del procedimiento de evaluación, determinación de la
técnica de medición, valoración de instrumentos y respuestas, para finalmente
establecer opciones y tomar decisiones.
Evaluación Logopédica.
Según Ana María Gotzens (2000), “La evaluación del lenguaje de un sujeto puede
realizarse en diferentes momentos y con el fin de cubrir diferentes objetivos”.
De acuerdo con Acosta y Moreno (1999), los profesionales que se ocupan de la
intervención en el lenguaje, han venido trabajando en situaciones
descontextualizadas, donde las estructuras lingüísticas han sido enseñadas sin
tener en cuenta muchos aspectos relacionados con su contenido y uso. Se ha
dedicado demasiado tiempo a pasar test o a recopilar datos sin tener en cuenta
los contextos naturales donde se manifiesta el lenguaje. Por ello, cada día se
hace más necesario recoger datos en situaciones ecológicas, donde se pueda
observar y registrar el sistema lingüístico en su totalidad.
Para realizar una correcta evaluación del lenguaje es básico un buen nivel
profesional y capacidad de comunicación. Aunque aquí interesa el conocimiento en
profundidad del lenguaje, esta evaluación debe hacerse en el marco de una visión
global del niño (sujeto), teniendo en cuenta los aspectos psicopedagógicos y
sociofamiliares de éste, pues el lenguaje, por importante que sea, es un
componente más entre otros muchos, y sería un error analizarlo en forma aislada.
Por todo esto se puede afirmar que es indispensable dentro de la evaluación
logopédica, contemplar al niño (a) y el lenguaje en su totalidad; para tomar las
decisiones más ajustadas a las necesidades del mismo.
Sea cual sea el objetivo, la evaluación del lenguaje es un proceso dinámico que
exige una continua formulación de hipótesis y su posterior verificación. Según,
Gotzens (2000), para llevar a cabo con éxito esta misión se requieren diversas
habilidades y conocimientos, entre los que cita:
-
Equilibrio entre extensión y brevedad. La evaluación del lenguaje no debe ser
excesivamente larga en el tiempo ni exhaustiva respecto a todos y cada uno de
los elementos lingüísticos. Lo cual exige elegir los elementos fundamentales,
los más significantes tanto para el diagnóstico diferencial como para el futuro
enfoque reeducativo.
-
Poseer un buen conocimiento del desarrollo del lenguaje.
-
Considerar todos los diferentes instrumentos y formas de evaluación.
Generalmente, se utiliza la observación, el registro y análisis de producciones
verbales, las pruebas y los test. Es altamente recomendable disponer de una
grabación en vídeo.
-
Evaluar además, tanto la expresión como la comprensión. Lo cual no es una tarea
fácil.
-
Tener conocimiento amplio de la clasificación y del contenido de las diferentes
patologías del habla y del lenguaje, así como de sus posibles etiologías.
-
Crear un clima de confianza, de relajación de deseo de expresarse y comunicarse
por parte del sujeto.
Aspectos a considerar dentro de la evaluación logopédica:
-
Entrevista familiar: la cual nos permitirá conocer la historia personal del niño
(sujeto) y debe ser complementada con la entrevista al propio niño. Debe
contemplar áreas medicobiológicas y de salud, aspectos psicológicos y de tipo
educativo.
-
Evaluación de la etapa preverbal: es básico recordar que existe un período
preverbal en que el adulto y el niño van construyendo un entramado, de forma
interactiva, que permite una serie de pasos encaminados a que un día el niño
comprenda el significado de las palabras y un poco después se exprese mediante
éstas.
-
Evaluación de la fonética y la fonología: en la evaluación de la pronunciación,
se persigue un objetivo fundamental; conocer la ley o leyes que rigen la forma
de hablar del sujeto. Debemos llegar a conocer cómo articula, cuándo y por qué
lo hace así. De tal forma se podría distinguir entre posibles dislalias
fonéticas y/o fonológicas.
Lo anterior lo refuerzan Acosta y Moreno (1999), cuando citan: “Durante los
últimos años, la discusión principal sobre el contenido de la evaluación
fonológica se ha polarizado en dos aproximaciones: la fonética y la fonológica.
Sin embargo, esta dualidad debe quedar hoy superada, integrando en el proceso de
evaluación tanto el análisis fonético como el fonológico”.
-
Evaluación de la morfología: se recurre aquí al registro y análisis de muestras
de lenguaje espontáneo (conversación, descripción y narración).
-
Evaluación de la sintaxis: se pueden utilizar producciones verbales del propio
niño (sujeto).
-
Evaluación de la semántica: para tal comprobación se pueden realizar frases
dichas por el logopeda, en las que el niño descubra y analice el error.
-
Evaluación de la comunicación: este aspecto debe valorarse desde el primer
momento y a lo largo de las sesiones de evaluación. Es de especial interés
observar qué recursos extralingüísticos utiliza el niño para hacerse entender.
-
Otros aspectos que deben observarse son el lenguaje corporal, la expresión
facial y la corporal. Conceptos de espacio y tiempo, lenguaje escrito, sistemas
alternativos o aumentativos de la comunicación.
La meta global de la evaluación será, descubrir tanto las competencias como las
dificultades más importantes que tiene el niño para expresar y entender el
contenido de su lengua.
Puyuelo (2000), sostiene que la evaluación y el diagnóstico de los problemas del
lenguaje han registrado una evolución significativa. La evaluación del lenguaje
no es la aplicación de unas pruebas más o menos elaboradas, sino sobre todo una
actitud de búsqueda por parte de un profesional. El “especialista en lenguaje”,
además de administrar las pruebas, debe saber situar los resultados con relación
al contexto y a los aspectos particulares de cada caso para:
-
Decidir si hay o no problema (alteración) de lenguaje.
-
Valorar si este problema afecta a todos los componentes del lenguaje o sólo a
algunos de ellos.
-
Estudiar la significación que tiene este trastorno con relación a una persona en
concreto, con una historia personal y educativa determinadas.
-
Valorar la necesidad de llevar a cabo la intervención del lenguaje.
-
Pronosticar y diagnosticar el caso.
-
Decidir en qué aspectos se basará la intervención.
-
Considerar los interrogantes pendientes y tenerlos en cuenta en el proceso
posterior.
Existen nuevos enfoques filosóficos y teóricos que sustentan la evaluación del
lenguaje, desde otra perspectiva, especialmente se destaca:
-
Nuevos modelos teóricos en relación con la adquisición del lenguaje (en el niño)
y nuevos modelos en relación con la evaluación del lenguaje en niños y adultos.
-
Importancia del medio físico, social, cultural e histórico en relación con el
lenguaje del individuo.
-
Importancia en la atención temprana en niños, pero también en adultos,
incluyendo todo el ciclo vital y de manera especial el deterioro del lenguaje en
la tercera edad.
-
La formación especializada y el reciclaje del evaluador es muy importante, en
especial el conocimiento de la evolución del lenguaje normal y de las diferentes
técnicas de evaluación.
La evaluación no depende tanto, como en épocas anteriores, de la valoración
subjetiva del clínico, sino de todo un proceso en el que se combina la
entrevista, la observación, la administración de pruebas, la evaluación
continuada, el pronóstico y la necesidad de que todo ello sirva para elaborar un
plan de intervención adaptado a la persona.
Finalmente se considera de un gran valor sustancial, llevar a cabo una
evaluación completa del lenguaje; con miras a tomar decisiones y acciones
correctas, para conseguir el éxito de la intervención terapéutica.
Bibliografía de apoyo.
Acosta, V. y Moreno, A. Mª. (1999). Dificultades del lenguaje en ambientes
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(BELE) con niños y niñas costarricenses de 4 a menos de 10 años de edad de la
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Karmel, L. (1986). Medición y evaluación escolar. Administración y aplicación de
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Miretti, M. (2003). La lengua oral en la educación inicial. Santa Fe. Argentina.
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Monfort, M. y Otro. (2002). El niño que habla. Madrid: General Pardiños.
Monfort, M. y Juárez, A. (1987). El niño que habla. El lenguaje oral en
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Puyuelo, M. (2003). Manual de Desarrollo y Alteraciones del Lenguaje. Barcelona:
Editorial MASSON.
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Editorial Síntesis.
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