Licda. Natalia Calderón Astorga. M.Sc.
El camino hacia la lectura comienza en la infancia, cuando los niños adquieren
el amor por las palabras, la pasión por la narración de cuentos y la maravilla
de compartir experiencias de la vida con los seres queridos por medio de las
palabras. Los miembros de la familia pueden fomentar el placer por la lectura
con actividades que desarrollen estas habilidades e intereses.
El presente siglo es testigo de la relevancia de la comunicación y la era de la
información, en que vivimos, es la respuesta que la sociedad da a sus propias
demandas. El niño pequeño, inmerso en su mundo familiar y comunal, también
siente la necesidad de obtener información que le brinde mayores posibilidades
de aprehender el mundo. La lectura implica descubrir significado. El acto de
leer o simplemente de ojear un libro hará niños más inteligentes, imaginativos y
creativos.
Es necesario estar convencido de que la lectura debe ser empleada como una forma
más de diversión y no como una obligación. Los libros no deben ser introducidos
al cotidiano del niño solo cuando él esté aprendiendo a leer o solo cuando
ingrese en la escuela. El contacto con los libros debe empezar temprano.
Cuando el bebé nace queda inmerso en un mundo nuevo con imágenes y sonidos que
no tienen sentido para él. Todas las experiencias son zonas nuevas que se está
desarrollando durante el primer año de vida a pasos agigantados. Por eso es la
importancia de “aprender a pensar”, que es un proceso complejo que se produce
como resultado de la observación y la interacción con los padres. Los bebés
nacen con unas necesidades primarias de afecto, de sueño, de alimento... y nacen
también con necesidad de historias. Tienen necesidad de estimulación hacia la
palabra, tanto oral como escrita, con el adulto como cómplice. Lo que un niño
puede
comprender no depende únicamente del desarrollo intrínseco de sus capacidades
interpretativas, sino que viene condicionado por la presencia y familiaridad de
esos
elementos en su cultura.
Cuanto antes se ponga en contacto a los bebés con estos estímulos, mejor. Desde
la
cuna es conveniente aportarle pensamiento y palabra a través de canciones,
juegos corporales y de la narración de pequeñas historias. Desde un primer
momento los libros constituyen un medio excelente de comunicación entre el
adulto y el bebé. Con un libro en las manos, el adulto habla, mira, acaricia y
establece una relación afectuosa con el niño (a).
Un libro es también una gran herramienta de juego, y como tal, tiene que estar
presente en la vida de un niño desde su nacimiento. Todos sabemos que el habito
de la lectura es un gran estímulo a la creatividad, imaginación, inteligencia y
a la capacidad verbal y de concentración de los niños. Los libros deberían estar
presentes en el día a día de los niños, del mismo modo que sus juguetes. Son un
instrumento de cultura que favorecen los aprendizajes y permiten que el niño
desarrolle su capacidad de atención y expresión, conozca el mundo que le rodea y
amplíe su vocabulario.
Poco a poco, el libro de imágenes pone en contacto al bebé con el mundo que le
rodea
y le da acceso a otros desconocidos. El niño primero lee la imagen, y
posteriormente la
interpreta. Los objetos familiares se relacionan unos con otros e introducen el
sentido de
la trama. Estos son sus primeros pasos en el proceso de iniciación a la lectura.
La adquisición del lenguaje se produce entre los 10 y los 30 meses, siendo este
un
periodo de intensa conquista intelectual para que el niño camine hacia su
autonomía.
Hacia los dos años la mayoría de los niños utilizan convenciones literarias:
repeticiones
de palabras, fórmulas de inicio y finales de los cuentos, cambio del tono de la
voz, etc.
Todos estos avances se verán incrementados, sin duda, en aquellos niños que han
oído
contar muchos cuentos. Todo ello nos anima a comenzar cuanto antes a contar y
jugar
con los cuentos.
La evolución de los intereses y las capacidades en los pequeños es
excepcionalmente rápida en sus primeros años de vida, y está más que comprobado
que la relación precoz de los niños con los libros y su especial lenguaje,
siempre que no se trate de aprendizajes forzados y prematuros, suscita el deseo
de acceder a lo escrito. El primer contacto que tiene el niño con el libro es un
acto de exploración sensorial. Le gusta acercarlo a la boca, mirarlo, tocarlo,
lanzarlo, cogerlo con sus manos; en una palabra: manipularlo y descubrirlo.
Alrededor del año, un bebé es capaz de reconocer a sus padres a través de una
fotografía, e igualmente será capaz en esta edad de reconocer objetos familiares
representados en las ilustraciones de los libros. Es un proceso de
identificación en el
que se hace una transición de lo físico a lo mental, y esto le ayuda a saber que
las
imágenes representan el mundo real.
Algunos padres comienzan a leerle a sus niños cuando aún están en el vientre.
Puede comenzar a leerle a su bebé desde el primer día de nacido.
A partir de los 6 meses su bebé está preparado para iniciarse en la lectura.
Comience con libros suaves, con ilustraciones de colores vivos y todos los días
reserve un momento sereno para la lectura.
A los niños les encantan los libros sobre animales, y las historias le ayudarán
a aprender sobre sonidos, formas, colores, acciones, sentimientos que a veces no
saben como expresar; miedos, emociones y sobre todo, a medida que crecen darse
cuenta que todos los niños pasan por los mismos momentos evolutivos.
- A los cuatro meses, el bebé tiene movilidad limitada, así que tiene pocas
opciones excepto las de escuchar y observar.
- A los seis meses, al niño (a) le interesa más agarrar el libro para llevárselo a
la boca que escuchar las palabras lo que su niño también hace.
- A los ocho meses, puede que prefiera pasar las páginas en vez de escuchar
atentamente.
- A los doce meses, el bebé se involucra en la lectura hasta el punto de pasar las
páginas, señalar los objetos que usted nombra en la página, y hasta hacer
sonidos - por ejemplo, de animales - cuando se le pide.
- A los quince meses y al comenzar a caminar, la intranquilidad del niño aumenta,
y se debe escoger los momentos adecuados para la lectura, para no frustrar el
interés inmediato del bebé.
El lapso de atención de un niño durante el tiempo de lectura es de tan sólo unos
tres minutos. Por lo tanto, es conveniente leerle varias veces al día. Mientras
más se le lea, más se extenderá su nivel de atención.
Cuando el bebé consiga sentarse firme en el suelo o en la cuna, ofrézcale libros
para que los maneje. Existen libros hechos con tela e incluso con material
plástico indicados para el juego a la hora del baño. El secreto a esta edad, es
hacer que el bebé vea el libro como un juguete más, con el cual podrá aprender,
descubrir, crear fantasías, y oír muchas historias interesantes y encantadoras.
Al inicio se debe dar preferencia a libros ilustrados, con pocas palabras.
Antes de los tres años la relación madre-hijo o padre-hijo crea situaciones muy
especiales para el desarrollo del lenguaje. Si esto se produce desde el
principio, supone
enormes ventajas en el desarrollo posterior del niño (a).
A continuación, encontrarás algunas sugerencias para hacer de la lectura una
parte esencial en la vida de tu hijo (a):
Háblale al bebé. Usar el rostro y la voz para hablarle del mundo y de él mismo.
Escoger un momento en el que esté tranquilo y alerta y, simplemente, comenzar a
hablarle. El bebé conoce el sonido y el ritmo de su voz, ya que la ha escuchado
desde antes de nacer.
Repetir lo que dice el bebé. Cuando emita esos simpáticos soniditos, responderle
repitiendo sus gorgoritos. El bebé está aprendiendo que los sonidos hacen que el
mundo reaccione y que las palabras tienen poder.
Observar, señalar y luego nombrar las imágenes. Los primeros pasos de los bebés
y los niños hacia la lectura son dar vuelta a las páginas, mirar las
ilustraciones de manera general, luego observar las ilustraciones cuando
escuchan el nombre de las imágenes, después señalar las ilustraciones nombradas
y, finalmente, decir ellos mismos el nombre de los dibujos.
Contarle un cuento antes de dormir. Hacer de los cuentos, tanto leídos como
contados, parte del ritual de la hora de acostarse desde la infancia.
Los libros, igual que los juguetes, siguen una orientación en cuanto a la edad
de los niños. Por tanto elegir libros infantiles para cada etapa es importante:
- De 0 a 6 años.
Deben ser libros ricos en imágenes e ilustraciones. Que tengan recursos para que
la lectura no sea aburrida. Para que el niño visualice lo que está oyendo o
leyendo. Se puede empezar con libritos de 5 páginas hasta los de 30 páginas. Es
necesario, a estas edades, diversificar los temas para conocer después las
preferencias del niño. Empezar con los cuentos de toda la vida, luego introducir
libros más técnicos sobre temas como el cuerpo humano, o de aprendizaje como los
diccionarios. El material también debe ser variado.
- De 7 a 9 años.
Deben ser libros ricos en historias de aventura, de magia, de misterios. La
ilustración aún atrae al niño con estas edades. Ya pueden leer libros con más
textos, y que hablen de situaciones y personajes más complejos. Se puede
introducir libros con capítulos, para que siempre quede algo de sorpresa para el
día siguiente.
- De 10 a 12 años.
Pueden ser libros con más de 100 páginas. Las ilustraciones empiezan a
desaparecer permitiendo espacio para la imaginación del niño. A estas edades,
los niños ya comprenden casi todas las palabras y situaciones. Y seguramente ya
tendrán sus temas de lectura preferidos
A continuación unas sugerencias para ayudarle a comenzar:
Elegir libros con ilustraciones coloridas y sonidos excitantes. Buscar libros
que tengan ilustraciones sencillas de colores alegres con fondos de un solo
color. Los libros de tela y de plástico son útiles, ya que pueden lavarse. Los
libros de cartulina son buenos para el bebé que esté aprendiendo a pasar las
hojas.
Leer los libros una y otra vez puede parecer monótono, pero a al bebé le
encantará. El niño se sentirá más a gusto y más relajado con lecturas repetidas
y podrá asimilar más.
Cambiar el tono de la voz con los diferentes personajes de los cuentos, cantar
rimas infantiles, hacer gestos graciosos y cualquier clase de efecto especial
que pueda estimular el interés del bebé.
A la hora de la lectura sentar al bebé en el regazo. Aunque no entienda
precisamente lo que se le está diciendo, al bebé le encanta estar cerca de sus
padres y escuchar la voz. Con el tiempo, el bebé asociará estos sentimientos
gratos con los libros y la lectura.
Si el bebé se pone inquieto, interrumpa la lectura. El niño le está indicando
que es hora de cambiar de actividad.
Los niños se convierten en buenos lectores cuando sus padres le leen. Es mejor
comenzar a leerle al niño desde una edad temprana y en forma constante, pero
nunca es tarde para empezar.
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