¡Tiene mi hijo la madurez para…!
Licda. Natalia Calderón Astorga. M.Sc.
Madurez y Sistema Educativo.
De niños somos unos seres plenamente dependientes de nuestros padres, pero
conforme vamos creciendo vamos siendo cada vez más independientes en todos los
sentidos. Este proceso de independencia está íntimamente unido a nuestra
madurez.
Como todos sabemos llegar a ser un adulto no depende sólo del paso del tiempo.
No es una cuestión de edad, puesto que todos conocemos personas con edad adulta
pero que siguen siendo niños en la mayoría de sus comportamientos y en el caso
contrario también conocemos niños que han madurado prematuramente, por las
circunstancias que les han tocado vivir y que siguen comportamientos de adulto.
Por tal motivo se considera adecuada como punto de partida la estimulación
(oportuna), forma eficaz para el desarrollo de la madurez escolar; es decir,
cuando las estructuras mentales están preparadas para recibirla.
El tipo de estimulación debe ser, ajustada a las estructuras internas que se
pretendan desarrollar, adecuadas al potencial genético del niño (a),
reconociendo además que expresar el máximo de su potencial dependerá, sin duda
alguna, de las circunstancias ambientales.
Se define madurez para el aprendizaje escolar como “… la capacidad que aparece
en el niño (a) de apropiarse de los valores culturales tradicionales junto con
los otros niños de su edad, mediante un trabajo sistemático y metódico” (Remplein,
1966).
La madurez se refiere básicamente a la posibilidad que el niño (a), en el
momento de ingreso al sistema escolar posea un nivel de desarrollo físico,
psíquico y social que le permita enfrentar adecuadamente dicha situación y sus
correspondientes exigencias. Estos niveles son importantes de desarrollar en el
niño para que pueda acceder a los cambios sin problema alguno y así lograr la
adaptación a situaciones nuevas. Para la maduración de los niveles del
desarrollo intervienen dos factores básicamente, los internos y los externos;
tales como las maduraciones fisiológicas, anatómicas, nutricionales, la
estimulación, la afectividad y otras.
Entre los factores específicos que influyen en la madurez escolar, encontramos:
- Género.
- Edad cronológica y mental.
- Salud (incluyendo alimentación).
- Estimulación psicosocial: determinado nivel de información y experiencias,
estimulación
sensorial, psicomotriz, comunicación verbal, atmósfera emocional
adecuada.
- Factor intelectual.
La entrada al sistema escolar (la primera experiencia), es un momento vital para
el estudiante, ya que es donde se forman los fundamentos y los aprendizajes
esenciales que condicionarán, positiva o negativamente el futuro académico, la
autoestima y la autoconfianza.
Es válido destacar la diferencia entre edad madurativa, que es la que nos indica
el estado evolutivo del niño en función de su edad cronológica y el
desenvolvimiento de sus habilidades cognitivas, emocionales y neurológicas; y la
madurez para el aprendizaje, la cual nos indica el nivel en cuanto a calidad y
ritmo de aprendizaje según la graduación escolar de ciclos, ubicando al niño (a)
en un nivel independiente de su edad cronológica, se le conoce también como
nivel de competencia curricular; lo anterior se da cuando un estudiante está en
un nivel educativo, pero su madurez para el aprendizaje se ubica en un nivel
inferior o superior al que se encuentra, de ahí la independencia o separación
entre la edad cronológica y la edad madurativa.
Se debe tener presente que la edad cronológica es la edad que tiene el niño (a)
es decir, su tiempo vivido; mientras que la edad madurativa es la edad a la que
equivale su nivel cognitivo. De aquí la importancia de que los niños y las niñas
posean las bases mínimas que indican su maduración y equilibrio para los
procesos de enseñanza y aprendizaje, puesto que tener 5, 6, o 7 años de edad
cronológica, no representan ninguna garantía para el docente y / o padres de
familia.
Un desarrollo insuficiente en ciertas funciones dará como resultado una
disarmonía cognitiva subyacente al fracaso escolar. Es válido destacar que estas
disarmonías cognitivas se correlacionan con el fracaso en la adquisición de los
primeros aprendizajes e influyen en la relación que el niño establece con el
centro educativo, con el hogar y con su grupo de pares (iguales).
La noción de inmadurez significa retraso con respecto a la media estadística o
inestabilidad con respecto a la misma. Existen tres clases de inmadurez:
Inmadurez neurológica: Detectada mediante un eletroencefalograma, el trazado es
anormal, lo que indica que el niño (a) posee una actividad bioeléctrica que se
halla en un estadio todavía inestable o retrasado con respecto a la media. Se
atribuye a una alteración del proceso de maduración acompañado de irritabilidad,
pero sin influir para nada en la inteligencia.
Inmadurez emocional: Es una no maduración de la inhibición de reacciones
emocionales. El niño inmaduro responde a cada situación con valores afectivos
propios y constituye una manera de adaptación al medio que no responde a los
parámetros esperados para la edad.
Inmadurez psicomotora: Es la que aparece en el marco del desarrollo psicosocial.
Las cuales se dan en tres espectros:
Leve: Perturbación leve de un
área, tiene un pronóstico muy bueno.
Media: Perturbaciones o bloqueos temporales
en una o más áreas, su pronóstico es de
evolución y recuperación lenta.
Severa: Disarmonía generalizada que produce
retraso en varias áreas, se generaliza por
un pronóstico de recuperación constante.
El tratamiento específico de las alteraciones madurativas se debe enfocar
mayoritariamente en las áreas del desarrollo:
- Coordinación visomotora.
- Memoria inmediata.
- Memoria motora.
- Memoria auditiva.
- Memoria lógica.
- Pronunciación (expresión oral).
- Coordinación motora.
- Atención.
- Fatigabilidad.
Algunos ejemplos de un trabajo más específico en cada área, podrían ser:
En el área de coordinación visomotora, solicitar al niño que copie dibujos o
formas simples.
Memoria inmediata, se pueden mostrar láminas durante 30 segundos y luego se le
pide al niño que nombre inmediatamente lo que vio. Al iniciar pocos objetos o
dibujos en la lámina y poco a poco se va ampliando la cantidad.
Memoria motora, dibujar en el aire (sentado junto al niño) o en una pizarra
mágica, para que el niño (a) vea el dibujo y luego lo reproduzca de memoria, se
inicia con figuras muy simples.
Memoria lógica, se puede estimular al relatar un cuento breve que contenga unas
3 cualidades y 3 acciones, luego solicitar al niño que lo narre
(reconstrucción).
Coordinación motora, se ayuda al utilizar el recorte de diseños en diversas
posiciones: lineales, circulares y otros.
Memoria auditiva, estimular al leer un breve listado de palabras o números para
que el niño los evoque inmediatamente.
Muchos especialistas consideran la repetición escolar por “inmadurez”, como algo
favorable, sin embargo, dicha fundamentación está basada en una serie de
condicionamientos erróneos:
El estudiante que no aprendió o no aprendió suficiente, aprenderá si toma
exactamente el mismo camino por segunda vez, el camino que le hizo fracasar la
primera vez.
Nada se aprendió a lo largo del proceso y que, por tanto, es necesario empezar
todo de nuevo desde el inicio.
El conocimiento y el aprendizaje operan en una dimensión lineal, siguen rutas
fijas, y son el resultado de la ejercitación repetitiva.
Por el contrario, socialmente la repetición refuerza el círculo vicioso de las
bajas expectativas, el bajo rendimiento, la baja autoestima y por ende el
fracaso escolar. Los padres y madres de familia interpretan las bajas
calificaciones de sus hijos como una señal de su incapacidad para aprender. La
repetición, de este modo, refuerza las peores expectativas de los padres
respecto a sus hijos, su futuro y su propia condición familiar. La repetición,
en definitiva, sólo atrae más repetición. El fracaso conduce al fracaso, el
éxito nos lleva al éxito.
Es importante evaluar a los niños (edad madurativa), antes de su ingreso al
sistema educativo formal, con el fin de disminuir el número de niños y niñas que
ingresan inmaduros a la educación básica generando inseguridad, sufrimiento,
dificultades, rechazo frente al estudio, fracasos y finalmente la deserción
escolar.
La finalidad de la evaluación es servir de pauta para la elaboración,
seguimiento y evaluación de la propuesta curricular que sea necesario realizar
para responder adecuadamente a las necesidades que presenta el alumno.
Antes de que un niño ingrese al jardín de niños hay que tener en cuenta dos
aspectos muy importantes: escoger muy bien el momento y la institución a la que
va a entrar, así como preparar al niño (a) para un cambio tan importante.
El jardín de niños debe ser un lugar para jugar, socializar y a partir de estas
experiencias, libres en su mayoría, aprender, no hay ningún requisito que los
niños deban cumplir para poder realizar estas actividades, sin embargo; cuando
un niño ingresa a esta etapa se le pide que sea capaz de concentrarse y poner
atención, que pueda permanecer sentado por un periodo de tiempo considerable y
adaptarse al ritmo del grupo. Para lograr esto y además ser capaces de cortar,
pegar, pintar y escribir, los niños requieren alcanzar un grado importante de
madurez neurológica y emocional, por lo que no todos los niños están listos al
mismo tiempo y algunos requieren ir a su propio paso.
Debido a que no existe una edad exacta en la que los niños estén listos para ir
a la escuela, si se sienten dudas sobre la madurez del niño, se puede esperar un
año más o buscar una escuela que ponga poca atención al aprendizaje académico y
se centre en ayudarlo en su desarrollo por medio de juegos en los que el niño
pueda aprender a su propio ritmo.
Es importante evitar varios cambios durante el mismo período; cambio de casa,
ingreso a la escuela, llegada de un hermano y otros más generadores de “estrés”.
Para ayudar al niño a entrar a la escuela es muy importante que los padres estén
listos, en especial la madre que es quien normalmente pasa la mayor parte del
tiempo con su hijo, quien ha creado una relación más estrecha y para quien puede
ser más difícil la separación. Se deben aclarar los propios sentimientos y tomar
en cuenta que a todos los padres les preocupa dejar a su hijo (a) al cuidado de
otra persona; saber si lo valorarán o lo tratarán como él está acostumbrado.
Debe existir total seguridad de que se está dejando al niño (a) en manos de
profesionales, de esta manera la escuela le hará un gran bien y al entrar en
ella está dando un paso hacia su independencia.
Preparar al niño es necesario, por ejemplo; hablando con él sobre lo que se hace
en la escuela y qué puede esperar que suceda en ella. Es importante que conozca
con anterioridad a su maestra, su aula y si puede conocer a algunos de los que
serán sus compañeros, sería excelente.
Además involucre a su hijo en los preparativos, como la compra del uniforme,
lonchera, etcétera. Transmitir en el niño la idea de que es una escuela muy
buena, que hay confianza en los docentes y que ahí va a estar bien.
Algunos niños se quejan de dolores de cabeza y estomago, los cuales pueden o no
ser reales, pero aunque no lo sean reflejan el gran estrés al que están siendo
sometidos.
Por último, se debe tener presente que en la escuela tendrá suficiente presión,
por lo que es importante que en la casa encuentre un lugar donde se sienta
tranquilo y aceptado por la forma en que está reaccionando.
Al buscar la institución educativa, es recomendable tener varias opciones de
dónde escoger, visitarlas, hablar con los docentes y estando consciente de que
no existe una escuela perfecta, elegir la que mejor cumpla con las expectativas
que tienen los padres sobre la educación.
Debe existir un equilibrio entre las oportunidades de aprendizaje cognitivo y de
socializar. En este momento lo más importante es que el niño (a) tenga una buena
imagen de sí mismo, un niño seguro aprenderá siempre, esto debe ser prioritario
al escoger una escuela.
Para conocer un poco el tipo de institución es bueno fijarse en la forma en que
está organizada físicamente y en que se adaptan a los ritmos de cada niño. Esto
se puede observar mediante la relación de los docentes con los niños más
inquietos y con los más tranquilos, y si ambos se ven contentos.
Analizar el estilo de los profesores, su trato y paciencia con los niños y su
capacidad para darle a cada uno el trato que necesita. Cuántos niños hay por
adulto, es otro elemento útil.
Más que buscar una escuela con el "mejor nivel académico" es importante buscar
un lugar donde los niños y niñas puedan jugar y expresarse libremente y sobre
todo, que estén contentos, lo cual es garantía de que aprenderán.
En los primeros años (etapa preescolar), lo más valioso es que tengan la
oportunidad de socializar y establecer lazos afectivos, en este caso con sus
maestras y compañeros. Lo cual nos recuerda una vez más que el hogar sigue
jugando un papel muy importante en la formación de la personalidad de los niños
y la escuela sólo debe complementarlo.
La elección de la institución educativa para nuestros hijos e hijas, conlleva un
alto compromiso, pues son varios los aspectos que se deben tomar en
consideración, además de los ya citados:
- Visión y misión institucional.
- Objetivos propuestos.
- Tipo de ser humano que esperan formar.
- Enfoque curricular institucional.
- Personal docente y administrativo.
- Posición geográfica.
- Seguridad.
- Ambiente.
De igual manera, respetar la personalidad del niño (a), la cual debe tener una
clara armonía con la institución elegida; existen instituciones más orientadas
al deporte, otras al arte, al área cognitiva, al dominio de varios idiomas y
muchas opciones más. Los dos componentes más importantes para la elección de la
institución, deben ser: la personalidad del estudiante y las expectativas
futuras y reales de los padres (las cuales deben ser congruentes con el hijo-
a). Cada ser humano es único e irrepetible, un hijo puede desenvolverse
perfectamente en determinada institución, mientras que para el otro, podría
resultar un rotundo fracaso, pues su orientación y personalidad no se relacionan
con el enfoque curricular de la institución.
Es básico que los niños y niñas vivan un apropiado proceso de “aprestamiento”
antes del ingreso a la educación formal, definiendo aprestamiento como “el estar
listo para iniciar determinado aprendizaje, pueden coexistir múltiples estados
de aprestamiento”.
Indagar sobre el tipo de “aprestamiento” y / o estimulación que se le brindará a
su hijo, antes de ingresar a la educación formal es determinante; el período de
aprestamiento es fundamental para el desarrollo y estímulo de ciertas funciones
básicas, como: destrezas y habilidades preacadémicas, funciones del desarrollo
natural (psicomotricidad, percepción, lenguaje, funciones cognitivas, afectivas
y sociales), además de la creatividad.
Es tiempo de evocarnos hacia una educación más creativa, que busque favorecer el
desarrollo potencial en todas las disciplinas y asuntos. Resulta urgente
reformular las estrategias de mediación pedagógica, dejando atrás un enfoque
memorístico y repetitivo, que limita a los niños y jóvenes a relacionar,
abstraer, analizar y por ende a pensar.
Vivir significa saber afrontar los conflictos y resolverlos implica crecer
intelectualmente. En muchos países la educación ha logrado transmitir a los
niños y jóvenes cierto grado de éxito. Mientras que en nuestro país, existen
muchas instituciones educativas (desde el preescolar , hasta niveles
universitarios), que desean tener repetidores mecánicos de conocimientos, seres
poco pensantes que se limiten a imitar a su profesor y poner por escrito (en una
prueba) las ideas del docente o de algún autor bibliográfico básicamente.
“La vida es un proceso de maduración constante”.
Licda. Natalia Calderón Astorga. M.Sc.
Especialista en Dificultades del Aprendizaje.
Terapeuta de Lenguaje Oral y Escrita.
Master en Educación.
PEDAGOGA.
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Condemarín, M. y otros. (1995). Madurez Escolar. Madrid, España: CEPE.
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Lowenfeld, V. (1973). Desarrollo de la capacidad creadora. Buenos Aires:
Editorial Kapelusz.
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Méndez, J. (1995). Áreas de corrección para niños con problemas de aprendizaje y
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Morales, K y Villalobos, E. (1999). Niños con Déficit Atencional. Editorial
UNED.
Méndez, Z. (1985). Reflexiones sobre el primer seminario taller “El Desarrollo
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53-60.
Narvarte, M. (2003). Trastornos Escolares. Colombia: Lexus Editores.
Remplein, H. (1966). Tratado de Psicología Evolutiva. España: Editorial
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Wood P. (1998). La Escuela por dentro. Madrid, España: Ediciones Paidós.
Woodburn, S. y Carlos, B. (2001). Los Problemas de Aprendizaje en Niños. San
José.: Editorial Universidad de Costa Rica. Test de la Escuela Meeting Street
(Adaptado).
Woodburn, S. y otros. (1997). El desarrollo motor en niños. Prueba de desarrollo
motor - Universidad Nacional (PDM – UNA). San José.: Editorial Universidad
Nacional.
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